Por fortuna

El pasado se mira de dos formas: con nostalgia o con agradecimiento. Por fortuna, ambas conjugan con aprendizaje. De la nostalgia uno aprende a sentir los recuerdos felices sin anhelos tardíos y del agradecimiento, uno adquiere el valor para perdonar y volver a empezar.

Sin embargo, tenemos un recurrente, desgastado y sombrío vicio de vivir en relojes atrasados, armarios empolvados, ropas usadas, caminos sin vuelta atrás; tenemos la nefasta costumbre de extender el pasado más de lo que el presente lo permite.

A veces siento que no es la sociedad la culpable de nuestras creencias profundas, sino que el ser humano tiene una enfermedad inherente a él llamada apego. Casi cualquier final lo miramos con ojos tristes, iracundos, impotentes, carentes de ilusión. Preferimos dar círculos viciosos que desprendernos de alguna pluma del ala.

Por supuesto que el cambio trae consigo miedos nuevos y se arrastra a su vez los viejos, por supuesto que cualquier metamorfosis mutila una o varias pieles conocidas y acomodadas; pero no deja de resultar cobarde exigirle al pasado que vuelva. Como si fuéramos los prisioneros de la caverna de Platón, obligados a permanecer dentro viendo sombras, privados de contemplar una realidad más completa y profunda.

Por fortuna, existen los comienzos obligados; como los del calendario, que casi siempre nos regalan unos ojos restaurados para mirar el tiempo con el criterio que se merece: el pasado no es elástico. No intentemos agregarle más de lo que nos dio. Y tampoco le quitemos créditos de lo que nos enseñó.

Un año nuevo es el simbolismo de un comienzo renovado, es la bonita costumbre de enfrascar los sueños en una lista, es la ilusión ingenua del “ahora sí”. Pero qué clase de comienzo es ese que sigue abarcando un pasado como si estuviera latente. Qué clase de presente es aquel que está envuelto más en un reloj detenido que en uno que gira.

No es vivir omitiendo los lugares en donde la vida nos hizo amar. No es vivir evaporando lo que hemos llegado a ser. No es suprimir algunas letras del abecedario. Es saber ubicarnos temporalmente en el set de nuestra vida.

Soltar. Despedirse. Agradecer. Pasar la página. Que el pasado siempre pertenezca a nosotros, no quiere decir que le pertenecemos a él.

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Un comentario en “Por fortuna

  1. Que bueno que volviste!!!
    Gracias

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