De lo que estamos hechos

Hay personas con el corazón fuerte como un roble. Las hay tan valientes que parecen hechas con piel de acero. Hay otras misteriosas, que te dejan siempre con tres puntos suspensivos en la cabeza. Existen personas con una chispa indiscutible, que atraviesa cada átomo y nos hacen tomar una bocanada de aire intensa como si antes de ellas no respiráramos bien. Hay unas que son como olas de mar, vienen y van; constantemente, perpetuamente. Hay otras que encajan súbitamente, porque guardan nuestra misma música.

Las de corazón fuerte nos tapan las goteras del pecho, nos suavizan las cicatrices, nos convencen de escamparnos de cualquier tormenta. Las valientes nos obligan a saltar sin conocer el suelo. Las misteriosas tienen el don de ponernos en alerta, a rebujar nuestros pensamientos con ímpetu. Las de aire nuevo nos despojan de los vicios viejos, de las costumbres inocuas; nos regalan suspiros que no conocíamos. Las de mar, nos enseñan de libertad, a ir con el agua y venir con la arena, a saber que ambas cosas, como muchas otras, se escurren entre los dedos.

Uno conoce a los incansables, que están invadidos de rasguños invisibles. A los rescatistas, que nos tiran una cuerda fuerte y resistente para salir de algún pozo. A los que parecen árboles, con raíces incondicionales y brazos al cielo. A los capitanes, que guían en la marea y prenden un faro en la oscuridad. Uno conoce a los felices, que van por la vida pasando sorpresivamente como una orquesta que contagia al público.

Existen personas que están hechas de un material tan parecido al de uno que abrazarse resulta pegarse indeleblemente. Existen otras que cambian el rumbo de las cosas porque arrasan sorpresivamente con su presencia. Existen personas que vuelven livianos los días negros.

Uno se encuentra con los héroes, tan audaces y claros que parecen sacados de un cuento de ficción. Con los tímidos, que esconden secretos fascinantes. Con los locos, que nunca están buscando respuestas. Uno se encuentra con los apasionados, sintiendo el mundo a través del arte. 

Hay personas que llegan para arrancarnos partes de un “yo” desgastado y que ya no sirve de nada. Hay otras que aparecen para devolvernos los pedazos que se nos van olvidando que tenemos.

Hay personas. Tantas. Y todas nos moldean. Nos vacían. Nos funden y nos dan horma. Nos vuelven ceniza. Nos reviven. Todas nos hacen.

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