A veces

A veces, uno amanece lúgubre. Como opaco. Con la luz tenue. Con escalofrío en el alma. Con el corazón arrugado. A veces, uno amanece con las tripas revueltas, sin ganas de escuchar ni ver lo que está pasando afuera. Con ganas de cerrarse para que, por fin, amanezca de nuevo.

Hay otros días donde uno amanece dichoso, renovado. Con una corriente de luz eléctrica, como si la noche anterior los fantasmas se hubieran ido y no tuvieran ganas de volver, como si los miedos nunca hubiesen existido, como si lo difícil fuera fiable, lo complejo se tornara simple, lo que nos estaba desgarrando la mente se apartara de ella. 

Esos días, donde todo está más cromático, donde la felicidad está en el punto exacto de ebullición, donde uno se siente con la fuerza invencible y la voluntad de acero y también, nota que el tiempo (esta vez) no lo está atropellando; esos días (tan escasos y misteriosos) son los necesarios para soportar los sombríos.

Esos, son los que nos dejan sentir que el abismo tiene suelo. Que ese puente que separa la vida que tenemos con la vida que soñamos, o la vida que creemos merecer con la que realmente necesitamos ya no está tan largo, ya no está tan inestable ni tan movedizo. Ya está a punto de terminarse. Ya estamos a punto de estar en el lado B (o en el C, o en cualquiera que ya no sea el A).

A veces uno amanece eufórico. Sonriente. Con el corazón por todo el cuerpo. Más sensible. Más observador. Más perspicaz. Más terco con los sueños que con los miedos. Con el talón de Aquiles menos vulnerable. Con el alma más fotogénica con la de los demás. Con la inspiración bien plantada y cosechada. Con el oleaje interno en equilibrio. Con el cariño de quienes nos rodean más recíproco.

Y entonces, son esos días los que le dan rumbo a la marea. Los que nos ponen un zapato de realismo y otro de idealismo. Los que después nos harán recordar por qué hay que abrir la puerta cuando amanece. Los que le dan más, mucho más valor a los otros: simplones y estáticos.

Casi siempre, la sensación que tenemos en esos días vivos, se la debemos a alguien. Y ellos, quienes nos hacen mirar a la felicidad como aquello que nos hace sentir agradecidos por estar vivos; se merecen -cuando menos- estas letras. Gracias.

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Un comentario en “A veces

  1. Que bueno es volver a leerte… Saludos!

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