A veces

Opinión

A veces, uno amanece lúgubre. Como opaco. Con la luz tenue. Con escalofrío en el alma. A veces, uno amanece con las tripas revueltas, sin ganas de escuchar ni ver lo que está pasando afuera. Con ganas de cerrarse para que, por fin, amanezca de nuevo.

Hay otros días donde uno amanece dichoso, renovado. Con una corriente de luz eléctrica, como si los miedos nunca hubiesen existido, como si lo difícil fuera fiable.

A veces uno amanece eufórico. Sonriente. Con el corazón por todo el cuerpo. Más sensible. Más observador. Más perspicaz. Más terco con los ideales. Con el talón de Aquiles menos vulnerable. Con la inspiración bien cosechada. Con el oleaje interno en equilibrio. 

Casi siempre, la sensación que tenemos por esos días, se la debemos a alguien. Y ellos, quienes nos hacen mirar la dicha como si tal cosa fuera real, se merecen —cuando menos— estas letras. Gracias.

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