Manual para despertar, segunda parte

Hace poco, me encontré con un profesor de la universidad y después de un abrazo fuerte para confirmarle que le agradecía por sus enseñanzas, me dijo: “¿y usted qué? La cara de niña ya se fue, ¿se casó? ¿Qué hay de su vida?”.

Yo esperé que se riera y como no sucedió, me reí yo. “Pero si todavía soy una niñita” – le respondí-, como si uno tuviera que dar explicaciones de la marea que es su vida.

Tengo 25 años. No tengo una especialización, tampoco un doctorado. Estoy analizando la posibilidad de estudiar una maestría. Si acaso, en una carpeta vieja tengo mi diploma de Comunicadora Social / Periodista y también el que dice que me gradué en 2007 de un colegio. En esa misma carpeta hay cartas que escribía cuando era niña, dibujos que hacía un día porque sí y notas escritas a mano haciéndoles saber a mis papás lo mucho que los amaba, así ese amor estuviera con mala ortografía.

Ese encuentro con mi profesor, me dejó pensando que estamos en una carrera donde por más que aceleramos, no llegamos a ninguna meta. Ser mejores ya no es opción. Tenemos que ser profesionales, especialistas, doctores y como si eso fuera poco: estar vivos. Pareciera que no podemos elegir, tenemos que serlo todo a la vez y en poco tiempo. Porque a los 25 años, la vida ya se acabó.

Ya no hay tiempo para saborear un café. La alarma del despertador está programada más veces que los abrazos que damos en el día. A los sueños viscerales les está dando gastritis y la cura es correr.

Nos estamos obligando a vivir para acumular diplomas y no cartas. Nos estamos obligando a sentir más el aire acondicionado que el viento. Nos estamos obligando a pensar que nada nos satisface, que a los 25 años ya tenemos que tener todo resuelto y que los fracasos no están permitidos en el libreto de nuestra propia película.

STOP

Que el reloj de cada quien es subjetivo.

STOP

Que los parámetros son personales.

STOP

Que el corazón no es una réplica que se compra y se instala.

STOP

Que hay quienes prefieren coleccionar cartas, no diplomas y viceversa. Y que lo uno o lo otro, depende del guionista, no de los actores de reparto.

STOP

Que esa manía de no estar satisfecho con nada. Esa costumbre de buscarle sin/embargos a la felicidad, no siempre es útil.

STOP

Que esa insaciabilidad no siempre es buena.

PARA y échate un vaso de agua (fría) en la cara, que esa insaciabilidad no puede robarte el zoom de la vida.

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4 comentarios en “Manual para despertar, segunda parte

  1. Sigues siendo mi “niña”, y de ti solamente necesito una sonrisa diaria, y esa será la mas grande maestría para mi vida.En carpeta vieja, pero siempre nueva para mi, conservo tus “carticas” que son el mejor doctorado que me das… cada que las leo.

  2. Por casualidad llegue aquí y me siento completamente identificada con lo que escribiste!! Cuando llegue a vivir a Argentina comprendí que no importa cuantos títulos tengas, aquí a diferencia de Colombia, la gente no se mide por los cartones que tenga, sino por las experiencias vividas y eso que somos “países cercanos”. Termine mi maestria y pensé que iba a tener el futuro resuelto pero nada que ver, por fin entendí que quiero ser la mejor versión de mi sin estereotipos!! Quiero vivir y acumular muchas cartas y no acumular diplomas!! Saludos carecoco!

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