Manual para despertar

Escritura

Esa luz al final del cansancio cuando la última gota de sudor se va a secar.
Esas ganas de gritar de dicha. O de miedo.
Esa multitud afuera a punto de aplastarte.
Esa valentía para sentirte querido y esa cobardía para salir corriendo cuando lo sabes.
Esa manía de anhelar el pasado mañana.
Ese temor —característico— cuando el olvido ronda la almohada.

Esa sensación de vértigo cuando aparece un olor que ya conoces.
Esas náuseas al acostarte en las noches. Esas ganas de volver a despertar.
Ese silencio perturbador cuando hay decisiones a la ligera. Esa incertidumbre de saber si estarás bien. Esa vida que anhelas y está allá. Esta que vives y está acá.

Ese calor de tener el pecho completo. Ese escalofrío cuando el fuego no es suficiente.
Ese invierno que te congela el dolor. El verano que lo vuelve a derretir.

Esa manía de no estar satisfecho con nada. Esa costumbre de buscarle sin/embargos a la dicha. Ese vicio de correr en círculos. Esa tendencia de buscar círculos, cuando encontramos salidas.

No, esa insaciabilidad no está tan bien. Échate un vaso de agua —fría— en la cara.

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