Homenaje a la soledad

Vengo a recoger algunas de mis pertenencias.
Pero antes que nada, permítame darle las gracias por tantos regalos en tantos no-cumpleaños.

Ninguno me gustó en un principio. Pero agradezco su insistencia porque yo los palpara.

Agradezco el sol que salió después, el corazón con quiebres pero completo, el café dulce sin nadie al frente, el espejo manchado de serenidad.

Supe que cuando usted, soledad, quiso hacerme visita; era justo abrirle la puerta, invitarla a conversar, abrazarla, sentirla, olerla, conocerla, coquetearle, conquistarla, hacerle el amor con toda la gana y después gritarle de mil maneras que sin usted no hubiera sido posible descubrir(me).

Usted es densa pero necesaria. Usted (me) transformó cualquier abismo en montaña. Cualquier remolino en mar. Cualquier caída en cielo. Cualquier matiz en color. Y usted supo moldear la compañía que busco.

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