Monólogo

Estamos frente a frente.
Lo único que nos separa es el latido de mi pecho que no se alcanza a percibir en vos.

Estamos frente a frente y me lavo la cara una y otra vez para darme cuenta que no puedo alejarte ni siquiera cuando cierro los ojos.

Ahí estas vos, haciendo los mismos gestos míos, las mismas muecas vacías. Yo sonrío y en vos se asoma una sonrisa paralela, de esas que arrugan la piel y planchan el alma.

Y te miro… Y te detallo…
Como si no te conociera, como si en ocasiones me costara reconocerte.
Y entonces me acerco más para tratar de (¿)encontrarte(?)

Y en el instante en el que empiezo a identificarte, volvés a desdibujarte, volvés a desvanecerte.
A veces quiero gritarte que no me hacés bien. Otras en cambio, que sos mi bien.

Y te desconozco.
Y a quien veo es a ese alguien que te dejó en ruinas alguna vez. A esa persona que te resucitó. Al que se marchó sin que le abrieras la puerta. Veo al que te escampó el corazón cuando llovía. Y también al que te lo secó cuando agotó tus lágrimas.

Y vuelvo a acercarme.

Y noto la cicatriz que te dejó ese amor que esperaste en tantas estaciones donde el tren nunca paró.
Y también al que te prestó el corazón para arrancarte lo conocido y sembrarte lo inexplorado.

Y te reconozco.
Y reconozco esas huellas. Y las siento propias.
Conozco esos pasos que caminaron alguna vez por un sendero. Uno mío.
Recuerdo esos pasos que se perdieron. Y esos que llegaron.
Y reconozco tus pupilas. Tus ojos espiándome. Tus pestañas preguntándome.

Tu boca diciéndome que la del espejo soy yo. O vos. O ambas. Que la del espejo y yo estamos hechas de lo mismo. Estamos hechas de muchos retazos. De muchas personas. De muchos momentos. De muchas canciones. De muchas dudas y pocas certezas. De tantos días y menos noches. De varias camas y un sólo techo. De un Blues y una Salsa. De varios libros y más historias. De un recuerdo y ningún olvido. De cuántas manos y una única alma.

Y al final ese espejo me dice que el reflejo a veces se desconoce cuando la realidad aparece.
Que el reflejo y yo somos lo mismo.
Que la que se asoma a verse, está hecha de lo que la pisó y no le dejó huella.
Y sobre todo, de aquello que la anduvo y la supo recorrer.

*Julieta conversa con Juliana.

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