¡A mí qué carajos me importa el fútbol!

Cuando estaba en la universidad, mi “combo” se dividía así: los futbolistas, las novias de los futbolistas o apasionadas por este deporte y yo.

Todos sabían de fútbol. Porque lo jugaban, porque sus novios les enseñaron o porque crecieron con esa pasión por dentro de las venas. Y ahí estaba yo: ni lo uno, ni lo otro, ni lo último. Entonces mi manera de integrarme era preguntando lo que no entendía, es decir, todo.

¿Y si empatan se van a penaltis? ¿Y por qué no había nadie por ahí para que no les metieran gol? ¿Ese es bueno o malo? ¿Qué copa estamos jugando? ¿Eso no fue falta?

Me explicaban, entre muchas risas y con términos técnicos que yo nunca entendí.
Mis hermanos me hablaban de medio-campistas, de delanteros, de volantes. Yo sólo entendía -por razones deductivas- qué era un arquero y un defensa.

El tiempo fue pasando y mis amigos futbolistas cada vez eran mejores: en los juegos inter-facultades eran los más aplaudidos, se fueron para China y también jugaron en Brasil, donde quedaron campeones universitarios suramericanos. Y yo seguía sin entender cuándo se hacía un tiro de esquina.

El escenario no ha cambiado mucho, excepto que ya no estamos en la universidad. Ya no faltamos a clase para ir a ver a los “niños” jugar. Ya no cortamos periódicos para tirar cuando ellos hagan la entrada triunfal. Ya no gritamos “Comunicación”. Ya no escuchamos a Pablo Chenco decirles “tranquilos muchachos que todavía se puede”. Ya no le decimos a Mate que se cuide el tobillo o a Pilín que meta otro gol.

Pero la fiebre de todos sigue intacta. Todos siguen unidos porque un balón los hace llorar, los hace abrazarse, los hace cruzar los dedos, los hace taparse la cara, los hace saltar de la silla.

Y yo sigo sin entender un carajo de fútbol, ¡y a mí qué carajos me importa el fútbol! pienso inconscientemente y ustedes -también inconscientemente- me siguen explicando.

Y lean todo lo que sé de fútbol.

Yo aprendí que el fútbol se parece mucho a la vida.
Yo aprendí que el balón da muchas vueltas porque el triunfo que más se disfruta es el que más se sufre.
Yo aprendí que muchas veces el que mejor juega, no se lleva el premio.
Yo aprendí que la vida puede pitar injustamente.
Yo aprendí que no todas las faltas se cobran.
Yo aprendí que hay que saber acariciar el balón para amar la trama y el desenlace.
Yo aprendí que tanto llorar como reír, hay que hacerlo con pasión.
Yo aprendí que las derrotas enseñan y las victorias alegran, pero ambas engrandecen.

Y no, no es gratuito que sin entender un carajo de fútbol, yo sonría cuando los veo a ustedes cantando o que sin pensarlo dos veces me pare a bailar un gol porque veo el estadio vestido de amarillo, azul y rojo. No es gratuito porque yo no necesito entender por qué Pekerman no llevó a Amaranto para sentir un chucito al verle esa tristeza en los ojos a él. No es gratuito que yo -sin saber ni entender nada- me emocione porque Colombia va para Brasil.

No es gratuito que ustedes y el fútbol me hayan enseñado que la vida te puede recompensar en el último minuto cuando jugás con el corazón puesto hasta en las rodillas. No es gratuito que un deporte le haga vibrar el alma a tantos. Y no es gratuito porque el fútbol es un espejo de la vida.

Un partido de fútbol es la vida misma mostrándole a uno en 90 minutos que los colores, se llevan por dentro. Que las pasiones se cantan y se brincan. Que a los amigos hay que alentarlos cuando ya están cansados. Que los nervios se curan con abrazos. Que los aplausos le dan fuerza a las piernas. Que ser incondicional está más allá de la lluvia o el calor. Que los días no son iguales cuando vas a ver a tu amor…

Un partido de fútbol es la vida misma mostrándole a uno que vivir y ser grande es como ir a la cancha: caerse, levantarse, lesionarse, volverse a recuperar, gritar de felicidad, llorar de impotencia, desgarrarse el corazón, cuestionar al juez, correr sin oxígeno, quitarse la camiseta y volvérsela a poner… Hacer un alto en la mitad del camino y regenerar el corazón antes de que la muerte pite.

Y cuando uno entiende que la vida hay que jugársela hasta el último minuto entonces la puntuación tiene que cambiar y sí, qué carajos, me importa el fútbol.

 

 

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7 comentarios en “¡A mí qué carajos me importa el fútbol!

  1. Qué es esto por Dios, esta es mi hija!!!!!!

  2. Tremendo Juli. Qué bueno leerte escribiendo de estos temas que nos alegran tanto a todos 🙂

  3. Pues has aprendido lo mas importante, el partido de la Vida,lo de saber que es un carrilero te lo has perdido porque hay que ser “verde,rey de copas,catorce estrellas…” y se aprende.

  4. “La trama y el desenlace” Jorge Drexler me encanta lo q escribes!!!

  5. Me imagino que ya habrás visto esto, pero aquí va:

    Un abrazo.

  6. Leerte Juli querida, es mirar tu alma a través de tus palabras, así como hace algunos días, podía mirarla en el brillo de tus preciosos ojos o en la ternura de tu inolvidable sonrisa. Me siento orgullosa y sabes de sobra que te adoro

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