Antología de los finales

Las únicas despedidas lindas y que no duelen son las del cielo, yéndose en un atardecer. Aquí un homenaje a ellas, tan odiosamente afiladas pero tan necesarias.

El reloj

Yo sé y vos también.

Incluso vos sabés más que yo, cuántas veces te repetí que eras un cobarde.
Yo te lo dije de todas las formas posibles: con canciones, con gritos, con lágrimas, con ternura, con ganas y hasta con sonrisas.

Eras la definición de cobarde, porque de frente, una noche, nos dijimos que éramos la talla exacta para sanar nuestras cicatrices y pulir nuestras alegrías. Que éramos esa canción que nunca nos íbamos a cansar de escuchar…

Eras la definición de cobarde, porque aún sintiendo eso, no te fuiste sino que huiste. Corriste para que yo no te alcanzara, y entonces, nos distanciaste, nos obligaste a borrarnos, nos forzaste para que la pelea entre la mente y el corazón la ganara la razón y ella se encargara de borrar cualquier huella…

Yo no me cansaba de preguntarte por qué la cobardía le ganaba a la magia, por qué el sinsabor de huir seguía latente, por qué nuestros nombres los teníamos que leer en pasado simple si yo los sentía en presente y futuro compuesto.

Y vos, pocas veces me supiste responder con la conjugación correcta.

Y ahora que lo pienso una, dos, tres veces y al revés, yo era la equivocada. Vos no eras, no sos, no serás la definición de cobarde.

Todo lo contrario: haber sentido que la exactitud que fuimos ni siquiera la marca un reloj y aún así huir, sólo es capaz de hacerlo alguien con mucha valentía en el alma.

Hubo un tiempo

Seré breve.

Hubo un tiempo en el que, por el afán de soñar, te dejé ir.
Hubo un tiempo en el que yo respiré felicidad más que oxígeno gracias a vos.
Hubo un tiempo en el que vos, me hiciste creer que yo era una pieza que no volvería a nacer.
Hubo un tiempo en el que me atreví a perderte. Y lo hice.

Hubo un tiempo en el que ya no estuviste, en el que ya no estás, y eso me hace entender que hay presencias que nunca dejarán de hacer falta.

El último punto

Yo debería odiarte. Pero no quiero.
Me niego a clavarte en el cajón de los rencores. Me niego porque ese cajón se abre de poco en cuando y vos ni siquiera deberías aparecer en mis peores ratos.

Pero yo debería odiarte: vos buscaste con lupa mis miedos. Vos cavaste con gusto, con placer, milimétricamente cada uno de mis rincones para sacar mis temores. Los conociste muy bien y en vez de abrazarlos, me los hundiste más para hacerme saber que ellos me podían matar lentamente. Para enseñarme que los miedos te llevan al abismo, te sumergen en el fondo, te entierran en un hoyo.

Vos me hiciste gritarles que se fueran, pero ellos ya estaban muy cómodos para partir.
Yo debería odiarte porque es tu culpa que yo llore cuando los fantasmas me atrapan. Es tu culpa que mis miedos me dejen, muchas noches, agonizando.

Pero me niego a odiarte. Me da pánico que vos, una noche cualquiera hagás parte de ellos y entonces, me matés.

No fue adiós

Ni una queja. Ni una duda. Ni siquiera una pregunta.
Ahora, cada que me hablan de vos, yo pienso en siete letras: gracias.
Pero siempre me quedará un reclamo: ese adiós que me negaste hizo falta, porque a los amores grandes hay que despedirlos.

Seguir juntos era un intento de homicidio colectivo, en el que sólo uno de los dos habría muerto. Y aunque no nos matamos, de alguna manera, morimos.

Nuestro tiempo perdió validez y se vencieron los plazos.
Las declaraciones empezaron a pertenecer a otros labios aunque habíamos aprendido a pronunciarlas con los nuestros.
Cogernos de la mano pasó a un segundo, tercer, quinto olvido.

Ahora, los abrazos que nos enseñamos ya están en otras camas y los besos en otra piel, pero eso era justo lo que queríamos y por eso nuestro final no podía ser más lindo: entendimos que para seguir siendo felices había que buscar otra combinación de nombres, porque la nuestra ya no funcionaba.

 

Anuncios

9 comentarios en “Antología de los finales

  1. Demasiado lindo Juliana!! Palabras que llegan al alma para quienes hemos perdido un gran amor y no logramos entender porque nos pasan esas cosas con la persona que nos llena la vida! Pero como decis vos, “para seguir siendo felices habia que buscar otra combinación de nombres, porque la nuestra ya no funcionaba”

  2. Qué lindo… 🙂 Una combinación de palabras en la justa medida. Felicitaciones por ese talento.

  3. Gracias! Me llenaste el alma de tranquilidad y fuerza con tus palabras.

  4. Leer esas lineas es volver a vivir lo mas grande y lindo que he tenido… Sin palabras porque el sentimiento que produce es de tal tamaño que opaca todo! Gracaias Carecoco

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s