El tal futuro ese

Cada día, al menos una vez, voy entendiendo más que el mañana; que el tal futuro ese que nos vendieron –donde todos los sueños se van a cumplir, donde estaremos mejor, donde por fin vamos a vivir- no llega. Y que lo que se va es este instante. Este que estamos dejando ir por añorar algo que no tenemos.

Por eso, declaro al tal futuro ese como mi enemigo.

A uno siempre le están diciendo que el tiempo es el mejor maestro. Siempre, en alguna situación de la vida hay una frase que hace alusión a lo que el tiempo puede hacernos. Incluso, una de las grandes plumas -la de Jorge Luis Borges- escribió que con el tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma… Y a medida que el escrito avanza, -al igual que el tiempo- se supone que uno va aprendiendo más y mejor.

Y claro, dentro de ese tiempo está el famoso futuro. Ése que vemos allá sonriéndonos. Ése que nos autoriza para que el después sea nuestra palabra preferida. Ése que cruelmente nos detiene con pasos de gigante y entonces, nos hace caminar con pies de enanos. Nos anestesia de tal forma que las gafas con las que miramos la vida tienen un filtro transparente para él y uno empañado para el presente.

El tal futuro ese nos hace ojitos. Nos coquetea. Nos canta. Nos baila. Nos llama. Y ese baile es mágico porque uno va cerrando los ojos mientras siente que la mejor parte de la canción pronto llegará. Por eso hay que querer al futuro.

Pero a la vez nos roba el presente. Nos deja inmóviles. Nos distancia del instante. Nos pausa la música del hoy. Nos esconde las melodías que hay que bailar ya. Nos engaña de la mejor manera: sin que nos demos cuenta. Y por eso  hay que odiar un tris al futuro.

Cuando logramos ver la máscara verdadera que esconde el futuro, entendemos que es un actor de primera categoría. Es capaz de hacernos soñar tan nítido que el lente de él quiebra el del presente, pero nos hace pensar que sólo lo está protegiendo. Mentira.

El futuro ese es capaz de hacernos creer que él sí existe, que ahí está y a veces, muchas veces, caemos en su trampa. Porque entonces cuando nos encariñamos mucho con él, nos  deja en un limbo sin salida: nos dibuja al presente como lo inexistente. Se colorea a él mismo como lo eterno y nos envuelve en su juego: sin darnos cuenta, empezamos a pisar el presente como un pasado latente y a aplazarlo, como un futuro inexistente.

Al futuro hay que tenerlo de nuestro lado. Hay que saberlo moldear, hay que soñarlo, hay que verlo, hay que cantarle pero hay que mirarlo a la cara y decirle –gritarle si es necesario- que el lente de él es el empañado y es el presente el que se encarga de limpiarlo poco a poco. Porque este último, finalmente, es el que lo crea a él.

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4 comentarios en “El tal futuro ese

  1. Hola Juli… Hasta ahora descubro tu blog y me parece que tiene unos escritos geniales. Me gusta mucho tu estilo. Te felicito!! Ana Tobón

  2. Te copio un pedazo de un escritor como tu, que se llama Jacques Philippe refiriéndose al futuro.
    “Vivir,y no esperar a vivir”: Así pues , es conveniente no proyectarse en el futuro y vivir el momento acogiéndolo como bueno, sea de la naturaleza que sea, incluso si nos desagrada. La vida presente siempre es buena, pues el Creador ha derramado sobre ella una bendición que jamás retirará. A veces lo que nos hace proyectarnos en el futuro no es tanto la inquietud como la espera de circunstancias mas felices:Quizá se trate de un hecho preciso:reencontrarnos próximamente con una persona a la que queremos, o la perspectiva de volver a casa después de un viaje agotador… o quizá no se trate de una espera de nada en concreto, sino de una expectativa algo desvaída, o a veces imaginaria; esperamos confusamente el momento en que nos vaya mejor, o en que las circunstancias sean diferentes y nos permitan vivir cosas mas interesantes. Aunque por el momento no vivamos plenamente,más tarde (cuándo?) viviremos en serio. Por supuesto que este tipo de espera, sea precisa o inconcreta, es totalmente legítima, pero comporta cierto peligro al que se debe estar atento; porque podemos pasar nuestra existencia no viviendo , “sino esperando a vivir”

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