El fanatismo no le puede ganar al respeto.

Vuelvo a hablarle a mi generación, porque es a la única que me dirijo con total naturalidad y comodidad.

Primero, quiero dejar claro, lea bien, MUY CLARO, que las letras a continuación son opinión. Usted puede o no estar de acuerdo. Puede o no leerme; pero si termina de hacerlo sepa que mi bandera es la libertad de expresión.

A mí poco me gusta hablar de política. De religión mucho menos y lo que comento de fútbol es a manera de chiste para que mis amigos se rían de lo poco que sé de ese deporte.

Los tres temas tienen un punto en común: la pasión sin fronteras. Pero más que eso, el poder decisivo. Me explico: nosotros somos un país mayoritariamente católico porque así lo decidió la Corona Española cuando nos colonizaron, somos un país donde el fútbol pareciera el deporte nacional por encima del tejo porque la tradición de nuestros antecesores así lo han hecho y somos un país políticamente mal gobernado porque nuestros políticos se han basado en corrupción. Los tres temas, de alguna manera, nos han determinado socialmente.

Pues bien, hay algo de lo que me he dado cuenta -en las redes sociales- desde que empezó el paro nacional agrario: los jóvenes queremos cambio, los jóvenes apoyamos a nuestros campesinos, los jóvenes soñamos con un mejor país, los jóvenes estamos “unidos”.

Confieso que me siento un poco agotada de que mi Facebook y mi Twitter se hayan vuelto netamente quejas políticas, aunque no me  disgusta del todo. Pero también confieso que detesto la manera cómo esta protesta nacional ha llegado a ser la excusa perfecta para mostrar la inconformidad a punta de insultos.

El paro se convirtió en una guerra mediática donde Uribe es el dios y Santos es el peor presidente que hemos tenido. Si nosotros somos la famosa frase “el futuro del país”, deberíamos -al menos- saber que Uribe fue quien más impulsó el TLC (y por eso el video que comparto), argumentando que “frenar el TLC es frenar la inversión y el progreso en Colombia”.

Hoy, cuando el TLC es casi una realidad los trapos sucios no sólo se los sacan a Santos sino que se los quieren echar todos (prueba fehaciente de que somos un país sin memoria); sabiendo que, si vamos a la raíz del asunto, habría que regalarle algunos trapos a César Gaviria que nos condujo al actual neoliberalismo en el que vivimos.

Otros tantos a Samper y el proceso 8 mil, a Pastrana y el Caguán, a Uribe y el sistema de salud, a Turbay y el M-19 y hasta a Bolívar y la independencia porque no la hemos logrado.

¿Por qué empecé con el fútbol, la religión y la política? Porque el fanatismo nos está cegando más de lo que debería. Jóvenes que afirman querer un país mejor, pero que no toleran que haya gente a la que Álvaro Uribe no le parezca el mejor presidente de la historia colombiana y mucho menos la solución al problema actual, y entonces, no argumentan por qué -por qué para ellos sí es el mejor y sí es la solución- sino que recurren a los fracasos actuales de Santos como gobernante para re-afirmar su fanatismo por el antioqueño a través de cualquier insulto.

¿Estamos haciendo un país mejor a punta de fanatismo? Yo no creo. Yo estuve en el “Cacerolazo” que se hizo en el Parque de los Pies Descalzos. Una protesta linda, llena de respeto. Me hubiera gustado que hubiera ido más gente, como en Bogotá por ejemplo, pero no por eso escribí en mis redes sociales: “Si usted no fue al Cacerolazo, no hable, no opine, porque usted es un pendejo más que no está haciendo ni mierda”.

¿Cómo así? ¿Ésa es la solución? ¿Insultar a los que no hacen lo que nosotros sí? ¿Buscar la caída del otro? ¿No es eso lo que estamos criticando de nuestros políticos?

Marchar, salir a la calle, movilizarnos como ciudad y país, sí, sí tiene que aportar. Sí tiene que hacer un cambio. ¡Sí!
Pero yo, creo firmemente, que el respeto tiene que ser la base para cualquier evolución.

Si usted es de los que cree en las marchas, marche y hágalo con respeto. Exprésese y diga su opinión, pero no insulte a su contrario: discierne con él. ¡Pilas! El fanatismo no puede estar por encima del conocimiento, el fanatismo no le puede ganar al respeto.

Si usted sale a marchar pero cuando llega a su casa insulta a los que no lo hicieron -en vez de motivarlos- a través de sus redes sociales, usted está haciendo lo que las FARC: “dialogando” en La Habana pero tirando bombas en Colombia.

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2 comentarios en “El fanatismo no le puede ganar al respeto.

  1. Me llama la atención que con estos temas casi nadie quiere comentar. Eso demuestra lo disociado que está el país mentalmente (sabe el mal que vive pero actúa como si no existiera), pero resulta alentador encontrar palabras como las tuyas, para darme cuenta de que aunque somos pocos, cada vez somos más los que entendemos que estas pasiones irracionales no nos van a llevar a ningún lado. Gracias.

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